Strokes of a Life: Haydee Franco, UNAM School of Architecture

January 4, 2016

Puede encontrar la versión en español al final del artículo. 

 

From her desk in Hawthorne, California, seated next to a green wall, Hayde shares with us some of her life experiences."Without thinking, I took a plane and came to Los Angeles," recalls the architect.

 

Hayde Franco Becerril recounts her life with the excitement drawn on her lips. Coming from a poor family in Mexico City, Hayde enrolled in the Prepa 9 of UNAM in 1989, not too long after the death of her father when she was 12. She was left with three sisters and a 33-year-old widowed mother.

 

"My mom could not afford a private education for us, so the day I got the admission letter to UNAM, there were tears." Hayde knew that high school was the gateway to higher education. And that's how it went; the architect, now based in Hawthorne, California, attended the UNAM School of Architecture in 1992, where she held on to experiences that accompany her wherever she goes.

 

“My mother always instilled in us her love for UNAM. She started studying at Law School, but she didn’t finish,” says Hayde. “She always said she would return.” And although she hasn’t done it yet, she’s lived the university experience through Haydé’s eyes.

 

It was through the UNAM High School where Hayde fell in love with the big companion of her life: architectural drawing. "In California, people were surprised that I could do freehand-drawing, without the need of a computer." She developed this talent during her years at the School of Architecture, where she earned a study trip to the United States thanks to her good grades. Her eyes were amazed by the work of Louis Kahn, a renowned European architect who left his mark in New York, Yale and in the mind of Haydé: "I will never forget that experience."

 

Back in Mexico City, and in order to complete her social service, her teachers invited Haydé to supervise the restoration of the former Convent of Santo Domingo in the city of Oaxaca. This period, which had originally been planned to last six months, actually lasted four years. "It was a beautiful experience; my teachers would return every year with new students, and I would share my experience with them.” But time passed by and Hayde began working on several projects, postponing the attainment of her diploma.

 

She kept working in Oaxaca, until another love knocked on her door. "As kids, we were neighbors, we lived in opposite corners. During our teen years, we started dating; then he moved to Los Angeles and each one of us followed our own path.” But he would call from California each year on her birthday. "Besides that day, we had no communication. At that time, FaceTime didn’t exist.” One day, he was on vacation in Mexico City, and Hayde’s sisters told him that she was in Oaxaca.

 

A few days later, he was in Oaxaca, as well. And a few weeks after, the young couple decided to get married. During the following months, Haydé would split herself between Oaxaca and L.A., until she decided to permanently move to the City of Angels. "It’s been 17 years now." She arrived with basic knowledge of the English language, a suitcase and fifty dollars.

 

"My husband had two jobs and I was bored and tired of being alone in the house, so I looked up the section of architects in the Yellow Pages and dialed the first number on the list." That’s how her career started in the United States: without her university diploma and in a foreign country, where she was not a resident at the time. "Despite my situation, opportunities came; I am a blessed person.”

 

During all these years, Haydé has worked in various architectural firms in emblematic areas of California, the same state where her two children were born and where her current offices are located. "New homes, additions, remodeling and construction of commercial buildings ... There’s always work to accomplish."

 

Although Hayde finally obtained her residence and was able to travel to Mexico, there was something else she felt was lacking. "I consider myself an architect because that’s what I've done my whole life. However, the diploma is important, particularly here in the States.”


Surfing the web, she discovered that UNAM had an office in Los Angeles, and she immediately established contact with it. "Now, I will continue with the process to obtain my university diploma," says Haydé. UNAM Los Angeles has played a key role in this process, so she’s grateful with the help that they offer to Mexicans living in the States.

 

Currently, Hayde works from her desk, seated next to the green wall that plays witness to the sketches coming out of her hands, many of whom have been used to collaborate on projects linked to the Latino community in California.

 

“That’s my way of saying thanks.”

 

 

Desde su escritorio en Hawthorne, California, sentada junto al muro verde que a diario mira salir bocetos de sus manos, Haydé nos comparte sus algunas de sus experiencias. “Sin pensarlo, tomé un avión y me vine a Los Ángeles”.

 

Haydé Franco Becerril narra su vida con la emoción de quien tiene un sí se puede dibujado en los labios. Proveniente de una familia humilde de la Ciudad de México, Haydé ingresó a la Prepa 9 de la UNAM en 1989, no mucho tiempo después de que su papá falleciera, cuando ella tenía apenas 12 años, y la dejara junto con sus tres hermanas y una mamá viuda de 33 años.

 

“Mi mamá no podía pagarnos una educación privada, así que el día que llegó la carta de ingreso a la UNAM hubo lágrimas”. Haydé sabía que la preparatoria era la puerta de entrada a estudios superiores. Así fue; la hoy arquitecta radicada en Hawthorne, California, ingresó en 1992 a la Facultad de Arquitectura de la UNAM, donde adquirió experiencias que han viajado con ella a donde quiera que va.

 

“Mi madre siempre nos transmitió su amor por la UNAM. Ella comenzó en la Facultad de Derecho, pero no terminó, siempre dijo que algún día iba a regresar”. Aunque físicamente su madre no ha regresado aún, sí ha vivido la experiencia a través de Haydé, quien se llena de orgullo al contar esta historia.

 

Fue precisamente en una de las preparatorias de la UNAM donde Haydé se enamoró de quien sería el compañero de su vida: el dibujo arquitectónico. “Cuando llegué a California, la gente se sorprendía de que pudiera dibujar a mano alzada, sin la necesidad de una computadora”. Este talento lo desarrolló durante sus años en la Facultad de Arquitectura, época durante la que, gracias a sus buenas calificaciones, pudo realizar un viaje de estudios a Estados Unidos, país en el que sus ojos se admiraron frente al trabajo de Louis Kahn, renombrado arquitecto europeo que dejó sus huellas en Nueva York, Yale y en la mente de Haydé: “Nunca voy a olvidar esa experiencia”.

 

De regreso en la Ciudad de México, sus profesores la invitaron a supevisar la restauración del Exconvento de Santo Domingo de Guzmán en la ciudad de Oaxaca para completar así su servicio social. Este periodo, que se había contemplado para seis meses se convirtió en una estancia de cuatro años. “Fue una época muy bonita; cada año mis maestros regresaban con nuevos alumnos y yo les compartía mi experiencia”. Pero el tiempo pasó y Haydé comenzó a trabajar en distintos proyectos, con lo que posteró su proceso de titulación.

 

Siguió trabajando en Oaxaca hasta que otro amor tocó a su puerta. “De niños éramos vecinos, vivíamos en contraesquina. Durante nuestra adolescencia nos hicimos novios; después él se mudó a Los Ángeles y cada quien siguió con sus vidas”. Pero desde California, él llamaba cada año para felicitarla en su cumpleaños. “Fuera de ese día, no teníamos comunicación; en ese tiempo no existía FaceTime”. Pero un día que él estaba de vacaciones en la Ciudad de México, las hermanas de Haydé le dijeron que ella se encontraba en Oaxaca. Días después él estaba en Oaxaca también.

 

Y unas semanas bastaron para que la joven pareja se casara. Durante los meses siguientes, Haydé se dividió entre ambas ciudades, hasta que decidió mudarse de manera definitiva a la ciudad de palmeras. “Hace 17 años que estoy aquí”. Llegó con pocas nociones de inglés, una maleta y 50 dólares.

 

“Mi marido tenía dos trabajos y yo no me resignaba a estar sola en la casa, por lo que busqué la sección de arquitectos en las páginas amarillas y marqué el primer número de la lista”. Así fue cómo comenzó su carrera en Estados Unidos: sin haber completado su proceso de titulación y en un país del que en ese entonces no era residente. “Pese a mi situación, las oportunidades aparecieron; me considero una persona bendecida”. Durante todos estos años, Haydé ha trabajado en distintos despachos de arquitectura en zonas emblemáticas de California, estado que vio nacer a sus dos hijos, además de las oficinas que actualmente tiene en la ciudad de Hawthorne. “Casas nuevas, adiciones, remodelación y construcción de edificios comerciales… nunca falta trabajo”.

 

Aunque Haydé consiguió la residencia y pudo regresar a México, había algo más que le hacía falta. “Me considero arquitecta no porque un papel lo diga, sino porque esto es lo que he hecho toda mi vida. Sin embargo, el documento es importante, particularmente aquí”.


Al buscar en Internet, descubrió que la UNAM tenía una sede en Los Ángeles e, inmediatamente, se lo contó a su esposo. “Ahora espero seguir con los trámites de titulación y recibirme pronto como arquitecta”, comenta entusiasmada Haydé. La ayuda de la UNAM Los Ángeles ha sido fundamental en este proceso, por lo que la egresada de Arquitectura agradece el apoyo para los mexicanos que radican en California.

 

Así, Haydé trabaja desde su escritorio, sentada junto al muro verde que es testigo de los bocetos que salen de sus manos, muchos de los cuales han sido para colaborar en proyectos vinculados con la comunidad latina en California: “es mi manera de dar las gracias”.

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